Granada nos importa

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ImageEste arquitecto granadino lleva meses en el punto de mira por su controvertido proyecto para el Paseo de los Tristes que el Ayuntamiento está ejecutando. Y es justo en este momento de recias críticas cuando se produce su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes. Para su toma de posesión, prevista para hoy, ha elegido el tema de la evolución urbana de Granada. El arquitecto es crítico con muchas de las actuaciones en la ciudad. Carlos Sánchez lleva años especializado en la restauración de edificios en el Albaicín. Y es en este barrio donde ha llevado a cabo una intervención pública –la reforma del Paseo de los Tristes– de la que, pese a las críticas, se siente orgulloso. Aunque el gobierno local del PP ha depositado en él responsabilidades como ésta, disiente de algunas de sus últimas actuaciones o proyectos como el vallado del Triunfo o la petición del Banco de España para el museo de la ciudad. –Su discurso de toma de posesión incide en la evolución urbana de Granada. –Empiezo el discurso lamentándome de la pérdida de un concepto urbanístico que tenía Granada, que es la sostenibilidad. Todo era fusión de la ciudad con el campo. Y eso se cambió con un planeamiento de 1951. En 50 años Granada ha cambiado de tal manera que ya no hay visión de futuro ninguna. –¿Cuál sería el camino adecuado? –Granada tiene que tener muy claro que su identidad es la conservación del casco histórico. No puede permitir la ocupación de plazas con miles de bares. Hay que controlar esas situaciones en muchos casos, como en Bib-Rambla. Hay algo que no me gusta, que es el concepto moderno de mobiliario urbano. Es una cosa nueva que nos han metido las multinacionales para vender. –¿Qué papel desempeña la Vega en ese desarrollo? –La Vega era el gran parque de Granada. No se han hecho parques, plazas, jardines en la segunda mitad del siglo XX porque, como estaba la Vega, ya no era necesario. Una urbanística horrorosa. Ahora es muy difícil. Tiene problemas para mantener la productividad agraria. A lo mejor hubiera sido bueno urbanizar la Vega de una forma tremendamente suave, con grandes parcelas y buenas casas. Es un asunto delicado. Pero ¿qué queda de la Vega? –Después de tantos años de trabajo en el Albaicín, ¿cómo observa su estado? –Lo veo mucho mejor. A principios de siglo era un despoblado tremendo y casas en ruinas. Luego se ha conseguido una estética que gusta muchísimo. Lo que no se puede bajo ningún concepto es perder edificios de unas características y de tanta categoría como las casas moriscas. Únicas en el mundo y que sólo se dan en Granada durante 50 años. Es lo más bonito y más de verdad, la fusión de al arquitectura islámica con el gótico y el renacimiento. ¿Y quién se interesa por esas 25 casas que quedan? El año pasado se tiró una, el anterior otra... –¿Qué opina de las ayudas públicas de rehabilitación? –Hay algunas que llegan bien y otras no. Aparte de que no son suficientes, el problema es el control. Hay casas que se están haciendo con pequeñas ayudas que se están destrozando. El grado de control que hay en la restauración ahora se pierde. Se pierden identidades por trabajar bajo una pancarta. –¿Qué le parece la propuesta de ampliar la declaración de Patrimonio Mundial a la ciudad histórica? –Esas cosas siempre son positivas, pero hay que actuar seriamente. Me gustaría que Bib-Rambla o Plaza Nueva fueran otras. –Bueno, usted ha podido modificar otro de los lugares emblemáticos de la ciudad: el Paseo de los Tristes. ¿Está satisfecho? –He arreglado un problema en el Paseo de los Tristes, porque lo tenían ocupado al cien por cien las terrazas de los bares. He limitado el sitio, en lo que puede hacer un arquitecto, porque si no hay un control, lo que haga un arquitecto no tiene valor. Lo que he hecho es delimitar la zona de los bares al lado de la calle y liberar todo el espacio. –¿Qué opina de las críticas? –Se han dicho muchas cosas incorrectas, porque dicen que he colocado muchas farolas y he colocado las mismas que había. No he puesto plátanos, son los que había. Sólo he colocado árboles del amor en el borde. Con la fuente lo que he hecho es ponerla en el sitio que estaba en el siglo XVII y se cambió en 1957 para hacer un teatro de verano y festivales de flamenco. La pérgola es muy ligera. Se han quitado los bares de esa zona. –¿Qué le parece la reforma del Triunfo? –Veo que hay muchas farolas que personalmente no me gustan. –¿Y el vallado de forja? –No hay que cerrar los espacios públicos. Es un problema de educación, civismo y gestión. –¿En cuanto a los edificios históricos, qué necesita la ciudad? –Se ha mejorado mucho, pero hay todavía muchos edificios que restaurar. Granada necesita un museo de la ciudad y hay muchos edificios para ello. –¿No vale el Banco de España? –No me gusta para museo. A lo mejor es un reto, pero hay edificios mucho mejores en la Carrera del Darro que se podrían restaurar. –¿Hay arquitectos afines a cada gobierno municipal? –Toda persona tiene que tener su ideología. Lo que no entiendo es la sensibilidad estética política. Llevo 28 años trabajando y ahora tengo en Granada menos trabajo que nunca.