Granada nos importa

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ImageUn mando de la Policía Local sostiene que habrá que pensar en establecer controles para impedir el paso de vehículos en zonas más alejadas del centro, caso de la carretera de Armilla o Neptuno. La estampa era chocante. Casi cómica. Decenas de viajeros habían elegido como fondo para sus fotografías los puentecillos sobre el río Darro, en el deslumbrante Paseo de los Tristes. Decenas de desconocidos compartían unos pocos metros de piedra e historia. Estaban apretujados. Eran como esos pájaros que reciben el atardecer posados, ala con ala, en los cables de alta tensión. La simpática escena resume el brutal éxito que tiene Granada como destino turístico. Y ya se sabe que de éxito también se puede morir. Es lo que puede suceder cuanto se meten en una misma coctelera todos estos ingredientes: el largo 'puente' festivo, las compras navideñas (primeros de mes, nóminas fresquitas), la apertura de la temporada de esquí en Sierra Nevada, el botellón... y, ayer, hasta una procesión, la de la Inmaculada. El resultado fue un descomunal atasco de tráfico. La marea de coches ahogó ayer a Granada, más aún que en los días precedentes -que ya fueron infernales-. Los aparcamientos 'disuasorios' -los situados en los bordes del centro histórico, caso de Neptuno- no sirvieron de rompeolas. Todo el mundo -naturales y forasteros- quería llegar al centro en su vehículo particular. Y las cosas tienen un límite. Ya desde por la mañana, la Policía Local tuvo que blindar los accesos al corazón de la ciudad para evitar que la circulación sufriera un infarto mortal. Medidas insuficientes. Los agentes de la guardia urbana establecieron fronteras en el puente Blanco -junto al edificio Sánchez- y en el arranque de Recogidas. Y sí, el centro -cuyos estacionamientos públicos habían colocado en cartel de 'completo' desde primera hora de la mañana- quedó relativamente descongestionado, pero el problema se trasladó a otras zonas de la capital -los paseos de Los Basilios y La Bomba, por ejemplo-. Estas medidas, aunque estaban previstas para las fiestas navideñas, han debido adelantarse. Sin embargo, su efectividad ha sido meramente testimonial. La avalancha de turismos ha sido de tal calibre que ha dejado en evidencia el avance del llamado Plan Navidad, diseñado por el Ayuntamiento para intentar evitar precisamente lo que ocurrió ayer en Granada. Quedó claro que dichas iniciativas son insuficientes. Cruz de Lagos. Antonio Bezares, portavoz de la Policía Local, admitió que el colapso generalizado que vivió ayer Granada requiere soluciones más drásticas. «Pienso que va llegar un momento en el que tengamos que plantearnos seriamente hacer los cortes más lejos del centro. Por ejemplo, en la zona de Cruz de Lagos -junto al Parque de las Ciencias- o en las puertas de los nuevos aparcamientos de Neptuno. Y a caminar o a usar el transporte público. No hay muchas más salidas», aseveró el mando policial. En este sentido, Bezares señaló que alejar los controles del centro sólo unos pocos metros no sirve de gran cosa.