Antonio Cortés estaba a punto de conseguir el empleo. Un amigo le había recomendado para que le admitieran en la empresa y pudiera seguir adelante. El trato estaba hecho, daba el perfil buscado de persona honesta y trabajadora. "Me deja el carnet de identidad, por favor", dijo el encuestador. La siguiente frase que Antonio escuchó fue: "Ya le llamaremos".
"Todavía hoy vivir en la zona Norte acarrea inconvenientes, siguen existiendo prejuicios y necesitamos que la gente del centro nos conozca, que no nos ponga etiquetas", relata Antonio Cortés, hoy presidente de la Asociación de Vecinos del barrio de la Paz. Para erradicar esta situación insiste en que es necesario que el dinero de las administraciones tenga reflejo en el barrio y que se fomente la creación de negocios. En el barrio de la Paz los vecinos sólo disponen de una frutería, una pescadería, una farmacia y algún que otro bar. No existe ninguna sucursal bancaria.
Los residentes creen que sólo un plan integral de empleo para los próximos 5 ó 10 años podría equilibrar el paro en la zona Norte con el del resto de la ciudad y se muestran escépticos sobre los resultados de inserción laboral que puedan ofrecer la instalación de una escuela taller y una casa de oficios en la zona. "Hay mucha gente que quiere trabajar pero necesitamos que las administraciones y los empresarios apuesten por este barrio como se ha hecho en el Zaidín o en la Chana", relata el presidente de la asociación de vecinos.
La situación que dibuja Antonio Cortés no dista mucho de la que vive a diario Antonio Vallejo en su barrio, Cartuja. "La inseguridad hace que no se creen negocios y aquellos que proliferan no disponen de un seguimiento por parte de la Administración con lo que al poco tiempo tienen que cerrar", explica. Aún así se muestra optimista. "Los empresarios apuestan por esta zona porque la ciudad se extiende por aquí, si hace unos años los pisos se vendían por tres millones ahora se acercan a los veinte", manifiesta.
Sobre los estigmas que sufren los vecinos del barrio Antonio asegura que hay mucho paternalismo. "Para quien está dispuesto a trabajar el lugar de residencia no es obstáculo, lo que pasa es que hay mucha gente en la zona que no tiene ganas de trabajar", opina.
El presidente de la Asociación de Vecinos de Almanjáyar, Ángel Rubio cree que la única forma de potenciar el empleo en un barrio catalogado como zona de transformación social es crear empresas de economía social sin ánimo de lucro cuyos beneficios revierten en la contratación de más personal.
En este sentido recuerda que en 1999 se creó una cooperativa multiservicios en Almanjáyar que actualmente está inactiva. "Firmamos un convenio con la Administración en el que se comprometían a implicarse en el desarrollo de la cooperativa, sin embargo pronto dejaron de ofrecernos servicios para beneficiar a las grandes empresas y así es imposible que un negocio salga adelante", narra el presidente de la Asociación de Vecinos de Almanjáyar.
Las ocho personas que inicialmente integraron la cooperativa han vuelto a quedar en paro. "Trabajábamos una vez al año, para montar las casetas del ferial y cobrábamos después de siete meses; una familia no se puede mantener durante once meses sin dinero", relata Ángel Rubio. "Era una solución para luchar contra el desempleo, los propios vecinos llevaban a cabo la vigilancia de colegios, tareas de jardinería y obras, pero hacer una empresa sin encontrar después apoyo está abocado al fracaso", se lamenta el presidente de los vecinos de Almanjáyar. Necesitamos que la gente del Centro nos conozca y no nos ponga etiquetas.
Antonio Cortés estaba a punto de conseguir el empleo. Un amigo le había recomendado para que le admitieran en la empresa y pudiera seguir adelante. El trato estaba hecho, daba el perfil buscado de persona honesta y trabajadora. "Me deja el carnet de identidad, por favor", dijo el encuestador. La siguiente frase que Antonio escuchó fue: "Ya le llamaremos".
"Todavía hoy vivir en la zona Norte acarrea inconvenientes, siguen existiendo prejuicios y necesitamos que la gente del centro nos conozca, que no nos ponga etiquetas", relata Antonio Cortés, hoy presidente de la Asociación de Vecinos del barrio de la Paz. Para erradicar esta situación insiste en que es necesario que el dinero de las administraciones tenga reflejo en el barrio y que se fomente la creación de negocios. En el barrio de la Paz los vecinos sólo disponen de una frutería, una pescadería, una farmacia y algún que otro bar. No existe ninguna sucursal bancaria.
Los residentes creen que sólo un plan integral de empleo para los próximos 5 ó 10 años podría equilibrar el paro en la zona Norte con el del resto de la ciudad y se muestran escépticos sobre los resultados de inserción laboral que puedan ofrecer la instalación de una escuela taller y una casa de oficios en la zona. "Hay mucha gente que quiere trabajar pero necesitamos que las administraciones y los empresarios apuesten por este barrio como se ha hecho en el Zaidín o en la Chana", relata el presidente de la asociación de vecinos.
La situación que dibuja Antonio Cortés no dista mucho de la que vive a diario Antonio Vallejo en su barrio, Cartuja. "La inseguridad hace que no se creen negocios y aquellos que proliferan no disponen de un seguimiento por parte de la Administración con lo que al poco tiempo tienen que cerrar", explica. Aún así se muestra optimista. "Los empresarios apuestan por esta zona porque la ciudad se extiende por aquí, si hace unos años los pisos se vendían por tres millones ahora se acercan a los veinte", manifiesta.
Sobre los estigmas que sufren los vecinos del barrio Antonio asegura que hay mucho paternalismo. "Para quien está dispuesto a trabajar el lugar de residencia no es obstáculo, lo que pasa es que hay mucha gente en la zona que no tiene ganas de trabajar", opina.
El presidente de la Asociación de Vecinos de Almanjáyar, Ángel Rubio cree que la única forma de potenciar el empleo en un barrio catalogado como zona de transformación social es crear empresas de economía social sin ánimo de lucro cuyos beneficios revierten en la contratación de más personal.
En este sentido recuerda que en 1999 se creó una cooperativa multiservicios en Almanjáyar que actualmente está inactiva. "Firmamos un convenio con la Administración en el que se comprometían a implicarse en el desarrollo de la cooperativa, sin embargo pronto dejaron de ofrecernos servicios para beneficiar a las grandes empresas y así es imposible que un negocio salga adelante", narra el presidente de la Asociación de Vecinos de Almanjáyar.
Las ocho personas que inicialmente integraron la cooperativa han vuelto a quedar en paro. "Trabajábamos una vez al año, para montar las casetas del ferial y cobrábamos después de siete meses; una familia no se puede mantener durante once meses sin dinero", relata Ángel Rubio. "Era una solución para luchar contra el desempleo, los propios vecinos llevaban a cabo la vigilancia de colegios, tareas de jardinería y obras, pero hacer una empresa sin encontrar después apoyo está abocado al fracaso", se lamenta el presidente de los vecinos de Almanjáyar.
