Un Mundo Feliz.
En España, la tierra para el que la recalifica. Con este afortunado lema el urbanista valenciano Gerardo Roger desvelo el domingo en la Cadena Ser el gran secreto a voces, pero desconocido para la mayoría- en el que se basa el delirio urbanístico y especulativo que padece este país. Es esa valoración legalmente blindada del suelo, en función del beneficio que se pueda obtener de el, el que se anticipa a la recalificación, y que hace posible que el metro cuadrado de suelo rustico pase de los tres euros a valer entre sesenta y trescientos, con todos los parabienes legales y sin que el propietario haya invertido un céntimo. La plusvalía literalmente le llueve del cielo. Esta particularidad exclusivamente española del mercado inmobiliario priva al propietario de terrenos, y posterior promotor, del carácter de creador de riqueza del que tanto presume; de hecho en una organización social propia de colmena le otorgaría el papel de zángano. Afinando, seria una especie parasitaria de la sociedad en la que vive y a su vez es parasitada por otra especie: el concejal léase también alcalde, consejero y hasta ministro-. No olvidemos que desde Sofico hasta la Asamblea de Madrid la alianza entre gobernantes y promotores ha tenido casi tanto poder de transformación de la realidad política como el mismísimo voto de los electores, si no más.
Seis millones de metros cuadrados de la tierra que rodea Granada van a ser fagocitados para construir viviendas y campos de golf en los próximos años. Lo denuncio el sábado pasado Ecologistas en Acción en Puerta Real; no lo hacen en la plaza de algunos municipios responsables de la barbarie pues al instante sus alcaldes soliviantarían al vecindario para que corriera a gorrazos a quienes, como El Enemigo del Pueblo del drama de Ibsen, osan poner en solfa a una clase política esclava de sus intereses personales, un periodismo débil de carácter y unas mayorías populares que venden su alma a cambio del camelo de la creación de empleo y riqueza.
No nos interesa oír según que cosas. Así pocos se dieron por enterados cuando la concejala Lola Ruiz desvelo que el suelo no es tan caro para todos. Lo hizo con un ejemplo: el promotor García-Arrabal solo pagara al Ayuntamiento de Granada siete céntimos mensuales por metro cuadrado de la finca junto a los túneles del Serrallo en la que pretende levantar un parque de atracciones del que espera obtener un millón y medio de Euros en beneficios en veinte años de concesión. No esta mal: mil veces menos de lo que cuesta el suelo en la zona.
La edil de IU se esta ganando a pulso el papel de enemiga del pueblo por pretender dejar a los niños del Serrallo sin montaña rusa; como la ministra Narbona al hacer notar que en las paradas de ese grandioso proyecto de teleférico a Sierra Nevada podrían agazaparse aparcamientos, hoteles, restaurantes y otros intentos de alicatar el campo. Quien le mandara meterse en nada.
Federico Vaz. Enemigos del pueblo.
Un Mundo Feliz.
En España, la tierra para el que la recalifica. Con este afortunado lema el urbanista valenciano Gerardo Roger desvelo el domingo en la Cadena Ser el gran secreto a voces, pero desconocido para la mayoría- en el que se basa el delirio urbanístico y especulativo que padece este país. Es esa valoración legalmente blindada del suelo, en función del beneficio que se pueda obtener de el, el que se anticipa a la recalificación, y que hace posible que el metro cuadrado de suelo rustico pase de los tres euros a valer entre sesenta y trescientos, con todos los parabienes legales y sin que el propietario haya invertido un céntimo. La plusvalía literalmente le llueve del cielo. Esta particularidad exclusivamente española del mercado inmobiliario priva al propietario de terrenos, y posterior promotor, del carácter de creador de riqueza del que tanto presume; de hecho en una organización social propia de colmena le otorgaría el papel de zángano. Afinando, seria una especie parasitaria de la sociedad en la que vive y a su vez es parasitada por otra especie: el concejal léase también alcalde, consejero y hasta ministro-. No olvidemos que desde Sofico hasta la Asamblea de Madrid la alianza entre gobernantes y promotores ha tenido casi tanto poder de transformación de la realidad política como el mismísimo voto de los electores, si no más.
Seis millones de metros cuadrados de la tierra que rodea Granada van a ser fagocitados para construir viviendas y campos de golf en los próximos años. Lo denuncio el sábado pasado Ecologistas en Acción en Puerta Real; no lo hacen en la plaza de algunos municipios responsables de la barbarie pues al instante sus alcaldes soliviantarían al vecindario para que corriera a gorrazos a quienes, como El Enemigo del Pueblo del drama de Ibsen, osan poner en solfa a una clase política esclava de sus intereses personales, un periodismo débil de carácter y unas mayorías populares que venden su alma a cambio del camelo de la creación de empleo y riqueza.
No nos interesa oír según que cosas. Así pocos se dieron por enterados cuando la concejala Lola Ruiz desvelo que el suelo no es tan caro para todos. Lo hizo con un ejemplo: el promotor García-Arrabal solo pagara al Ayuntamiento de Granada siete céntimos mensuales por metro cuadrado de la finca junto a los túneles del Serrallo en la que pretende levantar un parque de atracciones del que espera obtener un millón y medio de Euros en beneficios en veinte años de concesión. No esta mal: mil veces menos de lo que cuesta el suelo en la zona.
La edil de IU se esta ganando a pulso el papel de enemiga del pueblo por pretender dejar a los niños del Serrallo sin montaña rusa; como la ministra Narbona al hacer notar que en las paradas de ese grandioso proyecto de teleférico a Sierra Nevada podrían agazaparse aparcamientos, hoteles, restaurantes y otros intentos de alicatar el campo. Quien le mandara meterse en nada.
Federico Vaz.
